23 de mayo de 2012

Dicen... dicen...



Dicen... dicen...

Dicen que no hay lágrimas falsas
pero las tuyas se compran en el top manta
dicen que los ojos nunca engañan
pero los tuyos pierden todos los juicios.

Dicen que hay corazones débiles
pero el tuyo tiene hélices
y localizador vía satélite
y me haces creer que va a la deriva.

Dicen que las más grandes mentiras
reducen los corazones a ceniza
y mientras tu boca solo tirita
tu silencio vuelve a mentirme.

Dicen que hay vidas en cajas fuertes
pretendidas por mil delincuentes
que saldrán sin condena e indemnes
por sustraer objetos sin valor.




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10 de mayo de 2012

Encuentro


ENCUENTRO

Aquel maldito día en que te conocí
llevaba el corazón en cabestrillo
y más de mil vasos de vino
me convertían en el hombre más ruin.

Tú desconfiada cómo un animal herido
yo armado hasta los dientes y sin botiquín
creyéndome resguardado en mi fortín
cuando tu sonrisa me dejó desprotegido.

Sólo aspiraba a ser un acróbata saltarín
que pretendía abrazarse al miserable vacío
pero todo cambió cuando llegó a mi oído
cómo pronunciabas mi nombre haciéndolo fulgir.

Desordenaste todos mis malditos algoritmos
aniquilaste mis diccionarios ayudándome a reescribir
cada letra, sílaba, palabra, frase o vodevil
para volver a sentirme cómo un hombre vivo.



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2 de mayo de 2012

Siempre aquí



SIEMPRE AQUÍ

De nuevo estás otra vez aquí
llegaste tan silenciosa cómo un colibrí
o seguramente es que nunca me abandonas
y te hallas escondida entre las sombras
para cobrarte, una y otra vez, tu botín.

Nunca apaciguas mis lágrimas
y dejas que corran desbocadas
cómo un niño ante un columpio
y me mando cien mil anti-disturbios
para tener mi libertad controlada
mientras no se detiene mi diluvio.

Eres tan injusta
cómo una helada para un agricultor
o cómo una sonrisa para un ciego
y a la vez tan justa
cómo los rayos de sol en invierno
o cómo mi propia rendición.

Por todo ello soporto tu compañía
aunque eres la amante más fría
aunque te escabulles de mis abrazos
y sólo consigo atrapar mi aliento
y eso que estás pegada a mi cuerpo
por mil, o más, de invisibles lazos.



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10 de abril de 2012

Se me agota el tiempo


SE ME AGOTA EL TIEMPO

Se me agota el tiempo
empiezan a arder las páginas
de los libros que no leeré
y las canciones que no escucharé
ya tienen su propia lápida.

Se me agota el tiempo
el aire a mi alrededor
de ser el último tiene miedo
y los rayos del desvalido sol
se convierten en hilos de hielo.

Se me agota el tiempo
para explorar cien mil caminos
que el viento ya convierte en polvo
cuando quiero encontrarme en tus ojos
siempre pierdo mi propio destino.

Se me agota el tiempo
para quererte y para enamorarte
y conseguir aunque sea un instante
ser la causa de alguna de tus risas
o el protagonista de cualquiera de tus días
pero caen las hojas del calendario
tan rápido como la ropa en la noche de bodas
mientras gasto todo mi escaso vocabulario
para tintar tu tiempo de rosa.


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26 de marzo de 2012

El silencio

Qué grande es el colchón sin ti...


EL SILENCIO

El silencio inmóvil
ensordece nuestras vidas
levanta un tabique invisible
entre tú y yo
y aunque desgañite mi laringe
la partida ya está perdida.

El silencio ruidoso
enmudece nuestros gemidos
mientras las sábanas se congelan
entre tú y yo
ya no practicamos morse
con el cabezal y la pared.

El silencio invisible
hizo visible que sólo somos
dos personas con mil vidas
entre tú y yo
cuando juntos sólo con una
debería de sobrarnos.


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18 de febrero de 2012

Robarte un beso




ROBARTE UN BESO

Robarte un beso es como pretender
encender un fuego bajo la tormenta
resguardado simplemente por las estrellas
pero si algo no me falta es fe
es el único alimento de mi maleta.

Robarte un beso es como pretender
encender un fuego bajo la tormenta
y salir indemne y sin condena
de todos los juicios en los que el juez
solo se contentaba pidiendo mi cabeza.

Robarte un beso es como pretender
encender un fuego bajo la tormenta
huir de todos los males por callejuelas
donde la vida a zancadillas te hace caer
mientras canta una dulce cantinela.

Robarte un beso es como pretender
encender un fuego bajo la tormenta
casi imposible, de dificultad eterna
si fuera tan fácil como contar hasta diez
no estaría aquí dedicándote poemas.


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8 de febrero de 2012

En tus ojos


EN TUS OJOS

En tus ojos puedo ver la primavera
y advertir mil escalofríos en mi espalda
puedo sentirme solo un extranjero
y quedarme resguardado una vida entera
puedo morir de nuevo por tu tiroteo
a pesar de tener mi piel blindada.

En tus ojos puedo despertar cada mañana
aunque el insomnio sea mi dueño
puedo perderme entre cien carreteras
aunque posea todos los malditos mapas
en tus ojos puedes crear seis juramentos
y romper en un instante siete promesas.

En tus ojos puedo mantenerme en calma
o soportar las más terribles tormentas
a ratos puedo ver pedazos de tus sueños
o convertir tus pesadillas en nada
a veces podré reparar las goteras
y en otras causaré todos los incendios.

En tus ojos puedo sentirme Romeo
aunque no tenga a mi Julieta
puedes mostrarte como una muchacha
o como la más vieja de todas las ancianas
que yo seguiré componiendo versos
y jugando a ser un pobre poeta.


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19 de enero de 2012

Palabras en peligro de extinción


PALABRAS EN PELIGRO DE EXTINCIÓN

Cuando abriste la maleta
mis palabras deambularon
algunas de ellas se acercaron
a todos los precipicios
te acompañaron a la puerta
pegadas a tus zapatos
como invisibles huellas
y pusiste fin a aquel principio
que empezó una dulce primavera
aunque era un duro invierno
luego todo se convirtió en silencio
menos la lenta quietud de mi llanto
mis palabras vinieron a mi encuentro
actuando como un fiel bálsamo
impregnando cien mil folios en blanco
con los que recubro mi corazón.

Luego a mis palabras pasé lista
unas respondieron levantando la mano
otras contestaron de manera afirmativa
algunas simplemente me abrazaron
a bastantes di como desaparecidas
tras no volver a verlas tras tu partida
palabras en peligro de extinción
que el silencio que dejaste aniquiló
mientras el resto cicatriza mis heridas
pero todas y cada una de ellas
se prepara en el punto de partida
para magnificar al siguiente amor.

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11 de enero de 2012

Me llamo

A veces nos pasamos media vida intentando olvidar a alguien y en nuestro último tramo, no recordamos a quienes más nos quieren...


ME LLAMO...

Me llamo Joaquín
o eso dice la etiqueta
que llevo prendida
en todas mis prendas
hoy tengo treinta años
ayer tenía ochenta
y cada mañana descubro
una nueva descendencia
otro nieto, otro hijo...
incluso otros padres...

Me llamo Antonio
pero me nombran de otra manera
¿por qué gente desconocida
llora en mi presencia?
Y aunque me cueste admitirlo
aún me ahoga mi marea
cuando los pasos temblorosos de ella
huyen a la estancia de al lado
tras llamarle Carmen, Manuela...

Me llamo... me llamo...
y aunque sé que quise y amé
por momentos solo hay niebla
que cubre lo que fui, lo que soy
si dicen que el tiempo es el juez
¿qué macabros delitos cometí
para tener esta condena?


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WITHIN TEMPTATION

Say my name

Say my name
So I will know you're back
You're here again for a while
Oh, let us share
The memories that only we can share
Together

Tell me about
The days before I was born,
How we were as children

You touch my hand
These colors come alive
In your heart and in your mind
I cross the borders of time
Leaving today behind to be with you again

We breath the air
Do you remember how you used to touch my hair?
You're not aware
Your hands keep still
You just don't know that I am here

It hurts too much
I pray now that soon you'll release
To where you belong

You touch my hand
These colors come alive
In your heart and in your mind
I cross the borders of time
Leaving today behind to be with you again

Please, say my name
Remember who I am
You will find me in the world of yesterday
You drift away again
To far from where I am
When you ask me who I am

Say my name
These colors come alive
In your heart and in your mind
I cross the borders of time
Leaving today behind to be with you again

Say my name...


23 de diciembre de 2011

El regalo perfecto

Para desear felices fiestas a todos, he escrito este relato...


EL REGALO PERFECTO

Llevaba la bufanda roja tan apretada, casi enroscada al cuello, que la cara la tenía del mismo color y eso que aún no había salido a la calle, pero por imperativo de su madre, una bufanda no podía llevarse de otra manera, al igual que la ley indicaba que siempre había que salir al exterior como si se fuese a explorar el Polo Norte: gorro, bufanda, guantes, botas, mil capas de ropa...

A pesar de todo, Daniel salió a la calle jovial, alegre, con el corazón en carnaval a pesar de estar en pleno diciembre. La emoción le secuestraba el aliento y los latidos de su corazón. Se sentía así desde que conoció a Lucía el último septiembre, haciendo cola para montar en el único columpio del parque.

Entre risas inocentes y nerviosas y miradas destinadas a estudiar las briznas de hierba, fue creciendo entre los dos algo que en aquel momento ni ellos mismos conocían qué era. Lo único que sabían, es que cada tarde, mientras el resto de los niños tenían motivos entre la fruslería y la zarandaja para ir al parque, ellos acudían cada tarde con la excusa de los juegos, para estar juntos... unidos.

Así pasaron los días, las semanas... mientras el otoño cada vez gritaba más fuerte y hacía que en el parque oscureciese cada vez más temprano, hecho que lo convertía en un pequeño y sombrío desierto... Pero allí se encontraban ambos, tarde tras tarde, viendo revolotear las hojas mientras sus pequeños corazones también ansiaban volar...

Por eso, aquella tarde de jueves, fría y blanca como la más pura porcelana, Daniel mintió a Lucía al decirle que no podía quedar como de costumbre en el parque con ella, ya que tenía un compromiso familiar. Pero sus pasos, alegres y casi cantarines, se encaminaban a la calle principal del pueblo con el único y ansiado propósito de comprarle un regalo de Navidad.

Sus pequeños pies dejaban diminutas huellas en la nieve, hecho acrecentado por el casi baile rítmico con el que se movía, debido a su alegría, dejando un reguero, un camino apenas imperceptible... mientras el puñado de monedas que llevaba en el bolsillo tintineaban y acompasaban sus pasos. Así llegó a la calle principal, donde la gente se amontonaba a ambos lados de la calle, en las aceras, buscando a la vez el regalo perfecto y resguardo del cortante viento.

Se quedó ensimismado mirando los primeros escaparates, absorto por las luces centelleantes y el colorido tan estudiado. Indeciso, no sabía en qué tienda entrar, ya que todas parecían un reclamo al derroche. Se decidió por una que parecía menos abarrotada y que en su interior aún se podría respirar.

Ya dentro, aquello parecía otro mundo, otra galaxia... todo guionizado y siguiendo alguna guía de marketing. Lo guiaban de un lado para otro, ansiando regalos inimaginables y quedándose embobado antes el descubrimiento del siguiente artículo. Zigzagueaba de un lado a otro de la tienda al encontrar un regalo mejor que el anterior a cada segundo…

Tras unos minutos de indecisión, se quedó con tres posibles regalos. Los regalos más perfectos que había encontrado para Lucía. Sacó de su bolsillo el botín conseguido tras romper su hucha y contó lo que era una fortuna para él: setenta y cuatro centavos. Su vista recorrió cientos de kilómetros, incrédula, repasando una y otra vez los precios de los regalos que indicaban las etiquetas.

Tras un momento de desasosiego, fue dejando los artículos en sus lugares iniciales y salió de la tienda casi sin hacer ruido, cómo si pasara de puntillas por una vida que no estaba hecha a su medida…

Pero el desasosiego apenas duró un segundo y volvió a ser engullido por las luces, los gritos, risas y colorido que inundaban sus ojos y sus oídos como si fuese un medicamento contra la tristeza.

Así fue al encuentro del siguiente escaparate, pero ahora sus ojos no se centraban en ningún regalo, ya que sólo podía mirar los precios desorbitados para su poder adquisitivo.

Terminó de recorrer la calle y la sonrisa con la que empezó la tarde había desaparecido por completo y ahora sentía una gran desazón en su interior al entender que en el mundo de los mayores, su puñado de monedas apenas compraría un envoltorio adecuado.

Comenzó a andar, pesaroso y dubitativo. Ahora sus pasos no eran joviales y alegres. Simplemente los sentía de plomo, arrastrándolos como si tuviera decenas de años a sus espaldas y creando dos surcos a su paso.

Casi sin pensar o pensando tanto que ni se había dado cuenta, llegó al parque… a su querido parque. Quizás por levantarse el ánimo, decidió entrar y estar en los rincones, en los sitios en los que estaba con Lucía.

Recorrió uno de los senderos del parque mientras recordaba sensaciones y emociones que fueron borrando la tristeza acumulada en los últimos minutos. Continuó caminando hasta que llegó a una de las fuentes, la que estaba más apartada del mundanal ruido y le hizo gracia ver cómo se había formado una columna de hielo naciendo de la salida del agua.

En aquel momento, le afloró la vena de niño y salió corriendo en dirección a la fuente y casi cuando llegó a su altura, lanzó una patada a una imaginaria pelota en forma de estalactita y gritando, inmediatamente después del impacto, un sonoro gol, mientras correteaba por la pequeña plazuela, hasta que exhausto se dejó caer en un banco.

Mientras recobraba el aliento y la vida, algo llamó su atención. En uno de los laterales de la fuente, había una hermosísima rosa, frondosa y llena de color, a pesar que la negrura de la noche lo inundaba todo.

Aquello parecía un milagro, ya que seguramente en kilómetros y kilómetros no habría nada parecido, ya que cualquier atisbo floral y de vegetación, había sucumbido al frio, al hielo… a la nieve.

Aquel milagro era posible gracias a que la fuente hacía de parapeto y de sustento. Refugiaba a la rosa del frío y del viento mientras la abastecía de agua y nutrientes.

Entonces pensó que no encontraría regalo más perfecto que la rosa para Lucía y decidió, con sumo cuidado, arrancarla de aquel lugar sombrío, solitario y frío para llevarlo a otro más adecuado a su belleza.

Retomó el camino a casa ondeando la bandera de la felicidad, aunque sus manos estuvieran ocupadas transportando, acunando a la rosa y sus pasos, a pesar de la valiosa mercancía que llevaba, volvían a ser saltarines, alegres… vivos… al igual que su corazón… y su futuro.

Aquel día, Daniel aprendió que nunca había que rendirse ante las adversidades y que incluso en las situaciones más adversas, siempre hay la oportunidad de que brote, nazca algo deslumbrante…